13 enero 2006

Sin aceptar el “perdón” de su acusador, Barrios fue obligado a abandonar la cárcel

Martín Hernández Alcántara

Martín Amaru Barrios Hernández fue prácticamente expulsado de la cárcel ayer. Funcionarios de la Secretaría de Gobernaión y del Centro de Readaptación Social de Puebla no pudieron obligarlo a firmar el acta que le devolvía la libertad que le arrebataron dos semanas antes, y tuvieron que echar mano de más de una docena de custodios para que condujeran al presidente de la Comisión de Derechos Humanos y Laborales del Valle de Tehuacán hacia la calle.


Desde que la presentación del libro de Martín Barrios fue anunciado públicamente, generó nerviosismo en algunos círculos de la administración estatal, por el peso y prestigio de los presentadores: María Eugenia Sánchez Díaz de Rivera, María Eugenia D’Aubeterre, Sergio Mastretta, Rodrigo Santiago y Julio Glockner n Foto: Rafael García Otero

Pasadas las 4 de la tarde, las autoridades intentaron que el consejero del Instituto Federal Electoral estampara su rúbrica en un documento que establecía que dejaba el encierro por la benevolencia de su acusador, el maquilero Lucio Gil Zárate, quien le había concedido “el perdón”. El activista se opuso rotundamente, porque admitir esos términos hubiera sido tanto como aceptar su culpabilidad en un delito que jamás cometió.

Barrios exigió hablar de inmediato por teléfono con su abogado, Enrique de Jesús Pimentel Garibay o entrevistarse con sus familiares, quienes a esa hora esperaban ingresar al penal para una visita de rutina. Los funcionarios no le permitieron ni una ni otra cosa y transitaron del nerviosismo a la desesperación, instándolo a signar y dar todo por terminado, según relató más tarde el activista en una improvisada rueda de prensa afuera de la cárcel.

A la presión oficial se sumó el subsecretario de Gobernación para Asuntos Jurídicos, Armando Toxqui, quien vino jugando el papel de emisario del Poder Ejecutivo desde la semana pasada. El funcionario le llamó a Martín por celular y le dijo que el gobierno ya había logrado la indulgencia de su acusador, así que tenía que firmar. Colgó sin esperar respuesta. Barrios se mantuvo firme, y entonces los funcionarios del penal casi le suplicaron que firmara: “¡nos vas a meter en un problema, porque nos puedes acusar de que te estamos privando de tu libertad!”, recuerda que le arguyeron. El razonamiento causó la sorna del consejero, quien les recordó que su estancia en el penal no era por gusto, sino responsabilidad del agente del Ministerio Público que le inició una averiguación previa sin notificarle y del juez Tercero de Distrito, Horacio Bravo, quien le dictó el auto de formal prisión pese a las pruebas de inocencia que conoció.
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http://www.lajornadadeoriente.com.mx/2006/01/13/puebla/jus1-03.html


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