19 febrero 2006

de Lydia Cacho

Soy parte de la Nación mexicana

Lydia Cacho

Ante la necesidad de estar con mis abogados y retomar mi trabajo de atención a víctimas en Cancún, quisiera compartir algunas reflexiones con mis colegas y amistades:

El gobernador Mario Marín dice en las entrevistas que en 24 horas salí libre. Pero para los tribunales de Puebla, Lydia Cacho Ribeiro tiene Auto de formal prisión. (Me sentenciaron una semana después de aprehenderme tras pagar una fianza de 70 mil pesos) El siguiente viernes me fue declarado el auto de formal prisión. Estoy viviendo en libertad condicional, bajo fianza. No estoy libre, como asegura Marín. Mi caso fue atraído a Cancún (Juzgado 1ro de lo Penal) porque -aunque nos asistía la razón jurídica desde el principio- no fue sino hasta que la gran presión mediática orilló a Marín a cesar su intervención, que el Tribunal Superior de Justicia de puebla, tuvo que aceptar el incidente de incompetencia y liberar el caso a Quintana Roo, donde yo vivo, donde escribí el libro y supuestamente “cometí el delito de difamación”, pero donde se cometieron los delitos de abuso de menores y pornografía que narra mi libro “Los demonios del edén: el poder detrás de la pornografía infantil”.

La procuradora poblana aceptó en diciembre del 2005, ante diversos medios que no me enviaron los citatorios “para que no hiciera un escándalo” facilitando la orden de aprehensión. Es decir es una aprehensión fabricada, una violación de derechos humanos. La Juez declaró lo mismo, y sus declaraciones fueron publicadas en varios medios impresos y radiofónicos. Contamos con esas pruebas.

1ª- Una comida y una pequeña botella de agua en 20 horas, medicinas compradas como farsa poco antes de llegar a Puebla (no los antibióticos para la bronquitis que marca la médica legista en Cancún, sino unas pastillas para la tos) violaron mi derecho a la salud. .

1b- Yo, y no el gobernador Marín ni la Procuradora Villedas, viví las 20 horas sin dormir, en un automóvil, cruzando seis estados de la República, viajando sola, enferma,incomunicada, con dos hombres judiciales armados, seguida por otros tres agentes (también ostensiblemente armados, en una camioneta Liberty blanca que eran “la gente de Nacif”) con órdenes de amedrentarme. Yo les escuché hablar de los detenidos que se dan a la fuga y se mueren, a mí me preguntaban en medio de la noche si me gustaba nadar en el mar, si sabía nadar, y qué hacía una “mujer tan buena y guapa escribiendo esas cochinadas”. Fue a mí a quien aventaron al auto, huyendo de mi abogada en la procuraduría de Justicia de Quintana Roo, y a quien sacaron escoltada por tres autos hasta la carretera a Mérida. A mí me puso el agente una pistola en la cabeza cuando al reaccionar en la presurosa salida a la carretera, reclamé mis derechos constitucionales. A mí los judiciales me insultaron. Frente a mi, el Comandante Rocha (un hombre moreno de bigote y conduciendo un vehículo rojo) esperaba en la caseta La Esperanza de la entrada a Puebla, y allí ordenó a 2 agentes judiciales mujeres que se bajaran de su auto y subieran a mi lado, ordenó que bajara el otro agente y frente a mí les dijo: “ustedes venían con ella todo el viaje”.

Dice el gobernador que sólo dos agentes participaron en mi detención. Tenemos un video de las oficinas de CIAM Cancún que muestra que desde dos horas antes están apostados dos vehículos y tres personas, además de los que participaron. Ese video lo tiene desde diciembre la CNDH y ahora lo enviamos a la CIDH, y ante el Juez en Cancún.

El gobernador Marín usó exactamente las misma palabras y el mismo tono de voz para declararme culpable en la grabación con Nacif y en una entrevista radiofónica en Puebla, un día antes de que me declaran auto de formal prisión: “al que comete un delito se le llama delincuente y para mi esa señora es una delincuente”. Cuando el equipo de Carmen Aristegui estaba buscando el teléfono de Nacif, lo sacó de la propia grabación y respondió el mismo Kamel Nacif Borge: los datos son verídicos.

¿Cómo es posible que aparezca en la portada del Reforma la declaración de Kamel Nacif diciendo de que él había ido con el “gober y pum saco la orden de aprehensión (sic)” sin que el Mario Marín haya salido preocupado a desmentirlo tratándose de una acusación de un delito tan serio como tráfico de influencias?

Las autoridades poblanas, en un acto de desesperación y ante su incapacidad para admitir que incurrieron en actos delictivos, en tráfico de influencia, en coadyuvantes de órdenes de tortura y en la violación a las garantías constitucionales de una ciudadana, periodista y defensora de los derechos humanos, se revelan tal como son.

Cualquier autoridad que no se involucra en semejantes actos, se hubiese mostrado preocupada y sensible por las declaraciones de una persona detenida de manera tan irregular. En cambio, desde el primer día, incluso antes de que yo comprendiera que el Gobernador estaba implicado en mi detención, él mismo me llamó delincuente ante los medios y dijo que “el caso estaba cerrado” antes de que la Juez 5to de lo penal me declarara formal prisión.

La Procuradora, ignorante del contenido de mi trabajo periodístico, denostó mis declaraciones de maltrato, mi estado de salud y me recomendó “que en lugar de estar escribiendo sobre delitos contra niñas, mejor hubiera ido a la procuraduría a denunciarlos”; ignorando así que el caso del pederasta confeso Jean Succar Kuri (hoy preso en Chandler, Arizona E.U.A) es una asunto con demandas ante PGR e Interpol, por las propias víctimas, ventilado en los medios nacionales desde hace dos años, y que mi trabajo de investigación -precisamente- explica que Kamel Nacif Borge es amigo y protector del pederasta Succar, según dicho de las propias víctimas, niñas y niños que desde los cinco años fueron violados y amenazados de muerte por Succar.

En su ignorancia, el gobernador Mario Marín y la señora procuradora Laura Villedas, antepusieron la amistad con su paisano Nacif, por sobre el derecho de las víctimas de pornografía infantil, por sobre mis derechos constitucionales y mis derechos humanos, por sobre el interés público.

Las autoridades poblanas antepusieron, sin saberlo, el bienestar de un criminal y sus protectores, a la prioridad de mi trabajo periodístico en el libro “Los demonios del edén” por hacer del interés público un caso que según la PGR involucra: pornografía infantil, abuso sexual de menores y lavado de dinero.

La única salida que han encontrado las autoridades poblanas, ante tanta torpeza grupal, ante tanta corrupción, es intentar culpar a una ciudadana inocente de las graves consecuencias sus propios actos. El gobernador y la Procuradora, al tomar posesión de sus cargos, juraron lealtad a la ciudadanía con la frase “y de no cumplir que la Nación me lo demande”.

He aquí, señor, señora, a la Nación mexicana, demandándoles honestidad, transparencia y justicia.

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