19 febrero 2006

Sobre las maquilas

Sábado 18 de febrero de 2006

Trasladarán Sony y Fujifilm producción a China


Afp

Tokio. Los recientes proyectos de Sony y Fujifilm de deslocalizar su producción a China reflejan la tendencia que han manifestado las empresas japonesas en los últimos 20 años, pese a que invertir en el vecino y rival en pleno crecimiento resulta más arriesgado que para otros. Según estadísticas chinas, las empresas japonesas en este país emplean directa o indirectamente 9.2 millones de personas. Se trata de una fuerza laboral barata que permite a la industria japonesa mantener su alto nivel de competitividad, sobre todo, al sector electrónico. Pero los frecuentes brotes anti japoneses y las malas relaciones diplomáticas entre Pekín y Tokio "pueden convertirse en un riesgo mayor para la gestión de las empresas japonesas en China", advierte Shingo Konomoto, economista del Instituto de Investigación Nomura, en un reciente estudio.



Si no les gusta, se chingan, lema en maquilas de Nacif

LAURA POY SOLANO

"Aquí se viene a trabajar, y si no les gusta, se chingan. Si tienen otras cosas que hacer vayan a resolver sus problemas", era la amenaza frecuente para cientos de trabajadores de las maquiladoras de Tarrant Apparel Group, vinculadas con Kamel Nacif Borge, a quien sus ex empleados consideran responsable del cierre "fraudulento" de ocho plantas en el valle de Tehuacán, Puebla, lo que ocasionó la pérdida de 6 mil empleos.

Identificado como accionista mayoritario del consorcio maquilador, el llamado Rey de la mezclilla, en complicidad con autoridades locales y estatales, cerró todas sus plantas entre enero de 2003 y febrero de 2004 para trasladarlas a otras localidades, como San Cristóbal de las Casas, Chiapas, para "explotar la mano de obra", afirman ex obreros.

Alejandro Rodríguez, ex trabajador de Tarrant, señala que a empresarios como Kamel Nacif "no les importamos nada, se hicieron ricos a costa de chingarnos el lomo. Para ellos, los obreros debemos ser más perfectos que una máquina, porque al menos éstas se descomponen, pero nosotros no podíamos enfermarnos o faltar, a riesgo de perder el empleo o que nos descontaran varios días".

El maltrato verbal era constante, afirma, "con puras mentadas de madre hablaban a la gente. No nos daban un trato digno, de personas. Llegábamos a las 7 de la mañana, y si terminabas salías a las 7 de la noche. No importaba si hacía frío o calor, igual tenías que trabajar en la línea y cumplir con tus pasos. Si te sentías mal o agotado por tantas horas, sólo te decían: te quedas porque te quedas".

De enero de 2001 a julio de 2003, periodo en que laboró en las plantas de Tarrant, asegura, era "común ver a menores de edad trabajando y cumplir con un horario de 12 horas, igual que los demás. Durante mucho tiempo nos decían que debíamos trabajar a ese ritmo porque las marcas exigían sus prendas, pero no era cierto. Lo único que querían era explotarnos sin pagar horas extras".

Al igual que cientos de obreras, Angélica y Reyna debían cumplir jornadas de 12 horas para acabar su tarea (pegar cierres, bolsas, tallas o etiquetas) en 3 mil 500 piezas, con un salario promedio de 700 pesos semanales. "Los viernes era el peor día de todos; no podíamos ni ir al baño porque luego luego preguntaban dónde estabas. Incluso se dieron casos de que iban a buscarte.

"La amenaza siempre era que no te ibas sin acabar tu tarea, y cuando había mucho trabajo debías quedarte las horas que hicieran falta para terminar el pedido; podías salir en la madrugada o al día siguiente".

Lo más común en la maquila, afirma Angélica, "es que uno se enferme mucho por respirar la pelusa, arde la espalda de estar sobre la máquina tantas horas, luego de un tiempo se te hinchan las piernas si estás como manual, y si trabajas en la línea te duele la cabeza y te arden los ojos".

En Tarrant, recuerda, había enfermería, pero "nada más nos daban una pastilla que nos atontaba, e incluso llegó a causar alergia a varias compañeras, pero no te daban permiso si tenías que ir al médico, y si conseguías una incapacidad con el doctor no te pagaban nada".

Lista negra

Cuando a mediados de 2003 vimos que los despidos "eran cosa de todos los días, cuando decían que se cerraba la línea y de un jalón sacaban a 200 o 300 trabajadores, nos organizamos por el coraje de ver que cada día se iba más gente. Queríamos un sindicato independiente, que nos dieran reparto de utilidades y vacaciones, porque para ellos los paros por falta de trabajo eran vacaciones, pero no nos pagaban", afirma Reyna.

Las represalias por exigir acceso a los derechos que marca la ley, asegura, "nos afectaron a todos. Muchos quedamos en una lista negra; de plano hubo algunos que se fueron porque nunca encontraron trabajo, otros nos quedamos en los talleres clandestinos, donde la cosa es peor o igual, porque ahí ni siquiera existen códigos de conducta con las marcas, así que te pueden explotar todo lo que quieran".
Tomado de La Jornada


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