03 junio 2006

Movilizaciones de estudiantes en Chile

Declaración Pública
Quinto Infierno frente a las movilizaciones de los estudiantes
secundarios

Como a tod@s, nos tomó por sorpresa y falta de preparación la
gigantesca movilización impulsada por los estudiantes secundarios desde hace
unas tres semanas atrás, y apoyada a estas alturas por las grandes
mayorías nacionales, por universitarios, profesores, apoderados, y la
totalidad de los movimientos sociales, y que ya alcanzó ribetes de hito
histórico con la jornada de movilización nacional de ayer martes 30 de mayo
del 2006, una fecha que quedará para la historia, en la que nuestro país
parecía haberse transformado repentinamente con 600 mil jóvenes
expresando su descontento contra el sistema educacional, muestra significativa
de su falta de adhesión al tipo de sociedad en la que viven recién sus
primeros años.

Los últimos días nos han pillado justamente en eso: pasar de la
sorpresa inicial ante la rápida extensión de las movilizaciones, ante el
triunfo político y comunicacional del movimiento secundario en cuanto a la
legitimidad de su organización y protesta, a la participación activa en
las movilizaciones desde los espacios donde nos hemos venido moviendo
los quintoinfernistas, principalmente universitarios.
Estuvimos ayer en un Chile donde se respiraba un aire de democracia
como nunca. Y a diferencia del 5 de octubre de 1988, donde la derrota de
la peor época que recuerde la humanidad sobre estas tierras fue mediante
las reglas que imponía ella misma (el plebiscito "amarrado" a que nada
se iba a modificar), ayer las multitudes chilenas, principalmente de
las nuevas generaciones, nos tomamos las calles y establecimientos
educacionales de todo el país, reclamando por la herencia más palpable que
nos han legado las elites economicas y políticas de los últimos treinta y
tantos años.
Así como el cuestionamiento a la educación por parte de la juventud y
la niñez de nuestro país va más allá de las demandas puntuales
planteadas por los estudiantes secundarios y los universitarios desde hace
bastante tiempo, la multitudinaria demanda por una nueva educación tiene
implicancias más allá de sí misma: es un reclamo ante el tipo de sociedad
en que hemos crecido.
Partiendo por lo más evidente y crudo del modelo de "gobernabilidad"
que ha gobernado las tres últimas décadas: la feroz represión ante el
disenso, el terrorismo de estado aplicado brutalmente a todo aquello que
parezca desordenar el tranquilo "clima favorable a la inversión", sean
"upelientos", inadaptados, mapuches, "terroristas", pobladores
"maleducados", delincuentes, o simplemente jóvenes carreteando en alguna esquina
o plaza, en un estadio, en una tocata de música... o en una marcha
estudantil.
Con respecto a eso, solo algo más: si construir la democracia
significaba tener el derecho a reunirse y manifestarse libremente, si implicaba
tener medios de comunicación e información medianamente imparciales e
independientes frente a los grandes poderes, si tenía que ver con el
reencantamiento con la política como acción colectiva y social con miras a
un país mejor, fue ayer, y no hace 16 años, el comienzo de una nueva
etapa democrática en Chile.
Y es los gobiernos de la Concertación están recibiendo, de parte de las
generaciones que han nacido y crecido bajo sus mandatos, la más grande
movilización social que se recuerde desde las de '82-'83, cuando el
pueblo chileno arrinconó a la dictadura con 22 protestas nacionales tras
una crisis económica que parecía hacer tambalear el hasta entonces
reciente y flamante modelo económico neoliberal. Después de eso, lo que vino
fue la transacción que llevó a cabo la Concertación de Partidos por la
Democracia con la dictadura, y que despejaría el camino para el cambio
gubernamental, para pasar de manos militares a civiles.
Pero no cambió mucho el modelo de sociedad en que vivimos
cotidianamente, salvo que desde el terror sistemático de la dictadura se pasó a uno
más tenue y desapercibido: la represión focalizada en los pocos
sectores sociales organizados y críticos, el arbitrario manejo comunicacional
a todo conflicto político y social, y el cerrazón institucional que
ordena que "a la política" sólo acceden un puñado de elegidos, sólo
aquellos que pactaron un día un supuesto "regreso a la democracia" a fines de
los ochenta.
Pero así como hoy los personajes de la dictadura militar se retiran por
la puerta chica de la historia, en medio del repudio más general por
parte de las mayorías chilenas (la derrota histórica del pinochetismo, a
pesar de su "triunfo" militar y macroeconomico), la Concertación está
recibiendo el juicio histórico de las nuevas generaciones, a pesar de
sus "éxitos" democráticos y electorales, su "flamante" economía insertada
en los mercados globales, y la "aparente" tranquilidad social que
promueve en el exterior.
Ponemos entre comillas todo eso, porque en un país donde la
contradicción aflora por todas partes y a cada rato, nos hemos acostumbrado a
escuchar y leer las cosas al revés, sobre todo cuando quienes pronuncian o
escriben esas palabras son los mismos de siempre: las elites de
poderosos que han gobernado excluyentemente durante las últimas décadas, más
allá de trapasos cívico-militares.
Políticamente, la Concertación es la coalición política con más
triunfos electorales en el mundo, y ha obtenido una adhesión que supera la
mayor de las veces el 50 por ciento de los votos validos. Pero eso es sólo
parte de la verdad. El resto de la verdad es que la participación
ciudadana en las elecciones ha ido a la baja desde que las multitudes
chilenas se incribieron en los resigtros electorales de la dictadura de
Pinochet para derribarla, y que los nuevos jóvenes chilenos han tenido un
bajísimo interés en participar en, lo que se supone, es el pilar de la
democracia "a la chilena": elecciones democráticas realizadas bajo
estabilidad institucional. Más aún, la participación política en general, ha
sido puesta en segundo plano tras los arreglos cupulares de la "gran
política", esa que está protegida de cuestionamientos al modelo, y que se
dedica a administrar su desigualdad, a entregar el país, sus recursos y
fuerza de trabajo, a los grandes capitales, y a contener la crisis
social que ha producido la cada vez más evidente irracionalidad de la
realidad social chilena.
La extraordinaria organización estudiantil que ha salido a la luz en
estas movilizaciones es la expresión más acabada de la búsqueda que
muchos actores políticos y sociales han desarrollado los últimos años en la
difícil y compleja tarea de refundar la politica y la república chilena
. La masiva participación "de base", la democracia interna del
movimiento, la certeza en la legitimidad de sus demandas, la preparación y
convicción de sus dirigentes, hacen del actual movimiento de estudiantes
secundarios un invaluable aporte a la construcción de ese nuevo Chile que
se va abriendo paso poco a poco, pujando por actualizar las
correlaciones de poder, remover el autoritarismo y la apatía política que
predominaron durante los noventa, y poniendo a prueba, en estos últimos meses,
la real inteneción y voluntad política que anima al llamado
"progresismo" dentro de la Concertación, supuestamente, el sector que asume la
conducción de la coalición gobernante con la llegada de Bachelet a la
presidencia hace dos meses.
Podrán pasar muchas cosas con respecto al desenlace de estas
movilizaciones, pero el avance y aprendizaje de los jóvenes chilenos, de sus
organizaciones estudiantiles secundarias universitarias, de los múltiples
colectivos y movimientos que han impulsado una nueva politización entre
las nuevas generaciones, y del conjunto del movimiento social chileno,
debe ser la huella más profunda que dejarán estas semanas hacia un
futuro próximo marcado por la emergencia de un sujeto político y social
que, como comienza a predominar en nuestro continente, camina hacia la
refundación nacional, un nuevo modelo de desarrollo, y una sociedad más
libre e igualitaria.
Quinto Infierno... en movilizaciones!!!

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