06 noviembre 2006

Oaxaqueños: el verano de su descontento

Lunes 6 de noviembre de 2006

Hermann Bellinghausen

Noches atrás, un reportero de televisión los llamaba "sujetos", para diferenciarlos de sí mismo y de la policía robocópica que los agredía en ese momento, para quienes reservaba el "personas" y el "nosotros". Y pensé en lo mal repartidas que están las cosas.

Los "sujetos", que la pantalla presenta como una mera emanación del caos, están en la primera línea de la resistencia de todo un pueblo, aunque el tirano lo intente borrar con una arbitraria reducción de cifras (unos "3 mil revoltosos", "una sola avenida", como aquellos "tres o cuatro municipios" de 1994) a quienes llevaron adelante el verano de su descontento y hoy sufren el asedio de batallas que, aunque insistan los represores, distan de ser finales.

"Les van a faltar cárceles", desafiaba un maestro en el Zócalo oaxaqueño hace ya tres meses. Detrás de esos "sujetos" arrojando piedras y cocteles incendiarios contra tanquetas electrificadas y líneas grises de agentes blindados que vienen a desalojarlos, se encuentra un pueblo. Mejor dicho, muchos pueblos, pues Oaxaca es el mosaico de pueblos y culturas más diverso del país (y con sus 16 lenguas me atreverá a decir que del continente). Tal es la evidencia que la policía federal, el ministerio público, los discursos de Presidencia y el gobernador, los pistoleros y policías disfrazados, los medios de comunicación y el futuro presidente pretenden borrar.

Si en verdad fueran "centenares de sujetos", un día hubiera bastado para someterlos. Es toda una ciudad. Y más que eso. La resistencia en la capital de Oaxaca la hacen millares de pobladores de allí, y campesinos, maestros y estudiantes de todo el estado que, como se sabe, es muy grande. La ciudad refleja a la entidad, la contiene. Si el gobierno priísta amaga con soltar 20 mil adeptos para instaurar su orden, es posible que los tenga. Y qué. No hacían falta las elecciones del 2 de julio para probar que la resistencia oaxaqueña la respaldan centenares de miles, quizá millones. El priísmo decrépito sólo aspira a aumentar el dolor de su pueblo (que es lo último que importa a estos nuevos próceres dispuestos a sobrevivir aún sobre un campo de muertos: se llama fascismo).

para continuar leyendo:
http://www.jornada.unam.mx/2006/11/06/a13a1cul.php

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