29 febrero 2008

Miedo y dominación

Carlos Fazio

Las relaciones de Estados Unidos con México y América Latina pasan por una fase de restructuración que tiende hacia la formación de estados autoritarios en la región. A nivel ideológico y represivo, la imposición del sistema de dominación neoliberal de comienzos de los años 90 no significó una ruptura con el modelo anterior. Tras el triunfo de la revolución cubana en 1959, John F. Kennedy utilizó una doble vía para consolidar la hegemonía estadunidense en el área: la Alianza para el Progreso y el militarismo. De la mano de la Doctrina de Seguridad Nacional, Washington y los ejércitos latinoamericanos definieron al “enemigo interno”: el comunista, el tupamaro, el montonero, los “cívicos” de Genaro Vázquez y Lucio Cabañas y la Liga 23 en México, como encarnación de la “antipatria” y la “subversión atea”. La contrainsurgencia echó mano de la guerra sucia, los escuadrones de la muerte y el paramilitarismo en el campo, y condujo al terrorismo de Estado, con un alto saldo de ejecuciones sumarias extrajudiciales, desapariciones forzadas, torturados, presos políticos y exiliados. También aplicó la guerra de baja intensidad contra la Nicaragua sandinista e invadió Granada y Panamá.

Tras la autodisolución de la Unión Soviética (1989), a la par del neoliberalismo, Washington impulsó la “guerra” a las drogas: el narcotráfico como sustituto del fantasma comunista. El 11 de septiembre de 2001 dio a la administración de Bush la oportunidad para un golpe de Estado técnico en Estados Unidos y la imposición de la Ley Patriótica. Y con el uso de la mentira como arma de guerra invadió Afganistán e Irak. Asimismo, inició la “guerra contra el terrorismo”, como enemigo unificador.

Si la Doctrina de Seguridad Nacional fue un instrumento ideológico-militar apto para contrarrestar los movimientos de liberación nacional en los años 60/70, hoy, tras la larga noche de la dictadura del pensamiento único neoliberal, el imperio, las oligarquías vernáculas y sus administradores cipayos han venido trabajando en la construcción social del miedo y de los nuevos enemigos internos para imponer su modelo de dominación.

Los tres ejes claves para la construcción del miedo y remilitarizar el nuevo Estado autoritario son el terrorismo, incluido el eje del mal, con Cuba y Venezuela a escala regional; el populismo radical (Hugo Chávez, Evo Morales, López Obrador), y el crimen organizado. Mediante esos enemigos míticos, elusivos e impredecibles –que actúan de distractores administrados y potenciados por los medios de difusión masiva como propagandistas de la “razón de Estado”– el sistema busca legitimar el uso de la fuerza y genera de facto un Estado de excepción provisto de nuevas leyes de carácter represivo que recortan las garantías individuales y colectivas.

El nuevo Estado militarizado se presenta como el “salvador” y, según dice Robinson Salazar, con el juego de la lucha contra el terrorismo y el crimen organizado “encarcela a la sociedad”. Nos vigila. Limita los espacios públicos. Invade la privacidad de la persona. Impone leyes antiterroristas a imagen y semejanza de la Ley Patriótica. Discrimina. Fomenta la delación. El no te metas.

El miedo construye escenarios de riesgos en la subjetividad colectiva y altera la vida cotidiana mediante la angustia, el temor y una sensación de peligro latente. Ante el temor de la sociedad, y como forma de fomentar la fragmentación social y el individualismo, de erosionar la vida comunitaria y la solidaridad, el sistema genera imaginarios de exclusión: guetos, barrios amurallados en fraccionamientos con seguridad privada.

La imposición de un nuevo modelo policial-militar está en función de objetivos económicos que tienden a cristalizar a través de megaproyectos regionales como el Plan Colombia-Iniciativa Andina, el Plan Puebla-Panamá y la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana. Elaborados por el Banco Mundial y el BID, tales proyectos sirven a grandes corporaciones multinacionales. Vienen por el petróleo, el gas natural, el agua de los ríos para generar electricidad, el uranio, la biodiversidad. Buscan generar corredores multinodales para extraer por tierra, mar y aire nuestros recursos e inundar nuestros mercados con sus productos. Tales proyectos se inscriben en lo que John Saxe-Fernández ha llamado la “geopolítica del desalojo”: promueven la contrarreforma agraria y el vaciamiento forzoso de tierras, muchas veces por medio del paramilitarismo y/o empresas de “contratistas privados” compuestas por mercenarios.

En ese contexto se inscriben la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (ASPAN); el Plan México, símil del Plan Colombia, y la reactivación del Plan Puebla-Panamá, que para este año tiene prevista la interconexión eléctrica del sur-sureste de México con Centroamérica. Eso tiene que ver con Carlos Slim, la Halliburton, Chevron y otras corporaciones de Estados Unidos, pero también con un puñado de empresas españolas que llevan a cabo la reconquista de América: Endesa, Iberdrola, Unión Fenosa, Repsol, entre otras. Lo que conecta con la designación de Juan Camilo Mouriño en Gobernación, con el proyecto calderonista-priísta de privatizar Pemex y la Comisión Federal de Electricidad, con La Parota en Guerrero y el achicamiento del cerco militar y paramilitar en Montes Azules sobre las autonomías zapatistas.

La construcción del miedo y la fabricación de nuevos enemigos –incluida la enésima “guerra” contra el narcotráfico– sirven al gran capital. En función de ello necesitan legitimar la “mano dura” y aterrizar las armas de la Iniciativa Mérida para reprimir al pueblo, que se viene organizando desde debajo de múltiples maneras, acumulando fuerza, elaborando proyectos alternativos. Es porque el pueblo avanza en conciencia y organización que los que mandan necesitan militarizar más al Estado.


19 febrero 2008

Quién manda en México

Adolfo Gilly. La Jornada

La nacionalización del petróleo fue decidida el 9 de marzo de 1938, caminando por los campos de Morelos, por dos generales del Ejército Mexicano formados en las batallas guerreras de la revolución y en las batallas jurídicas de la Constitución de 1917: Lázaro Cárdenas del Río y Francisco J. Múgica. De esa decisión fue informado el gabinete presidencial en la tarde del 18 de marzo, y la aprobó. Nadie sospechaba hasta la noche de ese día –ni las compañías petroleras ni sus gobiernos– la magnitud y los alcances de la medida expropiatoria.

El gobierno del general Cárdenas supo escoger el terreno del enfrentamiento con las compañías extranjeras y tomarlas por sorpresa. No planteó la nacionalización como cuestión de beneficios económicos o de derechos laborales, sino como un dilema sobre quién manda en México: el gobierno de la nación o los dueños del petróleo.

Se debe recordar, recordar bien, que el presidente Cárdenas decretó la nacionalización cuando las empresas petroleras se negaron a acatar un laudo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación sobre el contrato colectivo con sus trabajadores. No era una argucia legal para tener el apoyo del movimiento obrero, que de antemano estaba asegurado. Fue utilizar lo que las empresas creían un incidente jurídico menor para plantear una cuestión de fondo: quién manda, quién decide sobre los cielos, el suelo y el subsuelo de este territorio que se llama República Mexicana, si un grupo de empresas extranjeras subsidiarias de sus gobiernos, que prestos salieron en defensa de ellas, o si los poderes del gobierno de la República elegido y apoyado por su pueblo.

Los tiempos son otros, los gobiernos mexicanos y su relación con el pueblo de esta República también. Pero ante la amenaza de privatizar Pemex en todo o en parte, con capital extranjero o nacional pero siempre capital privado –es decir, que en tanto capital no puede por definición responder al interés de la nación sino al suyo propio, si no dejaría de ser capital–, los fundamentos de la disputa deben plantearse sobre el mismo terreno: quién manda en México.

Es absurdo, para no usar palabras mayores, plantear la cuestión de Pemex como un problema económico o tecnológico, aunque hoy en ambos aspectos la situación de la empresa flaquee. Aceptar la discusión en ese terreno es perderla de antemano.

Por la contigüidad territorial con Estados Unidos, en México, más que en cualquier otra nación del continente, la propiedad estatal del petróleo es una cuestión geopolítica que hace al mando y a la soberanía sobre el territorio nacional. La continuidad del territorio y por ende del subsuelo de ambos países es marca indeleble en la historia mexicana. Hoy más que nunca Estados Unidos, su mando político en la Casa Blanca y su mando militar en el Pentágono, necesitan asegurar el petróleo mexicano como un componente indispensable de su estrategia militar global, tanto hacia los poderes que están al otro lado del Atlántico como hacia aquellos al otro lado del Pacífico.

Estados Unidos necesita –necesitó siempre– subordinar las fuerzas armadas mexicanas a sus fines estratégicos, a sus tecnologías, a su entrenamiento y a sus doctrinas militares y de seguridad, que son lo mismo. Hasta la Segunda Guerra Mundial no lo había logrado. Después vino el largo y paulatino cedimiento y por fin, desde Salinas de Gortari en adelante, las cesiones y concesiones en cascada.

Estados Unidos se ha propuesto, y en buena medida lo ha logrado, recorrer hasta el Canal de Panamá lo que considera su frontera geográfica de seguridad. El Plan Puebla-Panamá, como es bien sabido, es parte de esa vasta operación geopolítica, para la cual ha contado con la colaboración de los gobiernos mexicanos al menos desde Carlos Salinas hasta el presente. Pero no le basta recorrer de hecho esa frontera. Necesita la sumisión de los gobiernos nacionales de esos territorios y el control de sus recursos naturales y económicos –no la propiedad total, por supuesto, sí el control y la subordinación. Frente a las potencias asiáticas y a las potencias europeas, cualesquiera sean sus relaciones con ellas en cada momento, ésta es su zona de seguridad continental, su territorio amurallado. Esa doctrina no sólo no ha cambiado con la globalización. Por el contrario, se ha fortalecido con razones y exigencias nuevas, antes inexistentes.

Esa estrategia histórica de dominación y subordinación (que no de simple dependencia económica) tiene hoy componentes materiales e ideales que en conjunto conforman una renovada operación de ablandamiento de las resistencias nacionales mexicanas y latinoamericanas en nombre del libre comercio y la libre circulación de capitales (que no de personas, como debería ser el corolario).

Uno de esos componentes es haber logrado que el narcotráfico pasara a ser asumido por las autoridades mexicanas, ya no como una cuestión policial de primera importancia, que lo es, sino como una supuesta cuestión de seguridad nacional; mientras en modo alguno lo es tal para el ejército y el gobierno del país receptor y consumidor de la droga, Estados Unidos. Cualquiera sea su origen, una evidente operación de desestabilización política se esconde en los vericuetos y las guerras del narcotráfico, una buena parte de cuyos capitales y mandos, como diversos estudios lo han mostrado, están al otro lado de la frontera norte de México. En este contexto la Iniciativa Mérida es una de las varias facetas de la operación general de ablandamiento de las resistencias y las defensas de esta nación.

El 12 de febrero pasado Pedro Miguel escribía en estas páginas: “La Iniciativa Mérida es un acuerdo para que un gobierno incapaz de acabar con el trasiego de estupefacientes reciba asistencia de otro que tampoco puede o quiere erradicar el narcotráfico. [...] El hecho es que los gobernantes gringos no han podido o no han querido acabar con el narcotráfico. Con todos sus radares, sus satélites, tan precisos que pueden discernir a la distancia la marca de un bolígrafo; con sus aparatos de intercepción de conversaciones, sus sensores de infrarrojos, sus bases de datos y sus sistemas en tiempo real; con sus Hummers artillados con calibres de guerra, sus aviones espía, sus efectivos de la DEA, el FBI, y la Migra, sus marines, sus boinas verdes, sus rangers, sus mercenarios, sus portaviones, sus guardacostas, sus cárceles concesionadas a empresas de excelencia y su sistema judicial que presumen como si fuera eficiente y bueno, los centenares de toneladas de cocaína siguen fluyendo sin problemas hacia las fosas nasales de los consumidores”.

Aparte de los grandes intereses económicos involucrados en la industria de la droga, la estrategia del llamado combate al narcotráfico asume los rasgos de una redición de lo sucedido en Colombia, con las funestas consecuencias allá registradas para la soberanía nacional y la democracia. En un mundo de estados nacionales como en el que vivimos pese a todas las teorizaciones acerca de la disolución o el desvanecimiento de dichos estados, pocas cosas convienen tanto a las ambiciones de dominación de un vecino poderoso sobre uno de esos estados como el que las fuerzas armadas de tal nación se vean envueltas en tareas policiales –y además, en tareas de represión contra su propio pueblo, llámese éste Chiapas, Guerrero o Oaxaca.

¿Es que este cuento va a proseguir? ¿Es que se va a insistir en discutir la cuestión de Pemex y del petróleo como un problema exclusivo de recursos económicos y tecnológicos? ¿Es que no es evidente la operación de dominación emprendida sobre México –y su timing preciso– por una nación hoy desequilibrada por su propio poderío y por la ineptitud patológica de sus actuales gobernantes junto a la desmesura de sus obsesiones y ambiciones? ¿Es que no se ve el peligro que significa hoy, precisamente hoy, la dinámica geopolítica de ese país vecino?

¿Y las ambiciones de privatizar Pemex, de un modo u otro, en todo o en parte, con uno u otro subterfugio legal, con capital nacional o extranjero, nada tienen que ver con esa situación?

Es además insensato, absolutamente insensato, entrar a discutir y resolver con inusitada premura una cuestión vital de soberanía y geopolítica de la nación mexicana precisamente en los momentos en que ese vecino, Estados Unidos, componente ineludible de las decisiones sobre dicha cuestión, está envuelto en su controvertido y cercano cambio de gobierno; atrapado militarmente en Irak y Afganistán; desbalanceado por las crisis de su economía; y habiendo descubierto por fin que la globalización no significa su dominación mundial indiscutida, sino también el ascenso de las ambiciones y los desafíos de las grandes potencias de Europa y de Asia.

Es preciso cambiar de raíz el terreno y los tiempos de la cuestión petrolera mexicana. No es sino en segundo nivel una de financiamiento y tecnología. Tanto lo han dicho que fatiga repetirlo: si se modifica el régimen impositivo que succiona todos los recursos de Pemex y le impide financiar su crecimiento tecnológico, la empresa petrolera nacional tiene amplio campo de afirmación, exploración y crecimiento. Ese régimen por el cual Pemex es el sostén principal del presupuesto del Estado tiene un solo beneficiario: el capital privado. Gracias a Pemex, los niveles impositivos sobre los capitales privados están entre los más bajos que hoy existan. No es verdad que si se permite a Pemex capitalizarse no habría recursos en el presupuesto para los rubros de salud, educación, infraestructura y otros. Esto es chantaje puro. Esos recursos deben salir de los impuestos normales a las ganancias del capital, terminando con la condición de semiparaíso fiscal que se le ha impuesto al territorio nacional. Tampoco es verdad que habría fuga de capitales. Demasiado codiciado para la inversión es este país, por razones similares a las que lo hacen codiciable para las ambiciones de la nación del Norte.

El debate y las decisiones sobre el estatuto jurídico de Pemex y los recursos para su eficiencia y su modernización tienen que partir de esta plataforma. No es una cuestión ante todo económica y técnica. Es una cuestión de geopolítica y de soberanía nacional: quién manda en México.

En caso contrario, el gobierno nacional –y gobierno son los tres poderes, no sólo el Ejecutivo– se vería colocado en la paradójica situación de cumplir con la consigna zapatista: mandar obedeciendo. Pero obedeciendo al mando establecido en el Pentágono, la Casa Blanca y Wall Street, dueños una vez más, por sí mismos o por interpósitos capitales privados mexicanos, del control de los recursos petroleros de la República Mexicana.


“Ilegal”, proyecto de construcción de carretera en Jalisco, acusan indígenas

Hermann Bellinghausen
La comunidad wixárika (huichola) de Tuapurie, de Santa Catarina Cuexcomatitlán, Jalisco, ha decidido oponerse a una carretera que atenta contra su territorio.
Comuneros y autoridades tradicionales y agrarias determinaron “defender la trayectoria ancestral de su territorio por la construcción ilegal de la carretera Amatitlán-Bolaños, en Huejuquilla el Alto, Jalisco”.
El Cuerpo de Coordinación Comunitaria Interna, que agrupa a la comunidad, denunció que autoridades federales y estatales “han realizado estudios de impacto ambiental sin consultar a la comunidad, afectando lugares sagrados” y un área natural protegida.
Ante las violaciones a la Ley General de Desarrollo Forestal Sustentable, el pueblo wixárika realiza un bloqueo en Ciénega de Los Caballos, en el tramo Tenzompa-Cerro de la Puerta. “Nuestra lucha es justa, no buscamos otros intereses, sólo defender la tierra y territorio de nuestros ancestros y nuestros hijos”, argumentan.
La carretera que impugnan conectaría el municipio de Huejuquilla el Alto, en el norte de la entidad, con Amatitán, en la región Valles, cuyas principales actividades son agricultura, ganadería, explotación forestal y cañera, así como apicultura e industria tequilera, que requiere la madera y el agua que cuidan los wixaritari.
De acuerdo con el COA, organismo de apoyo legal a las comunidades de la sierra jalisciense, el rechazo a la vía data de hace seis años, “pero la sordera de las autoridades orilló a la asamblea de la comunidad a detener la maquinaria y plantarse para impedir que se siga construyendo la carretera”. Ahora, unos mil comuneros –hombres, mujeres, ancianos y niños– permanecen, en asamblea permanente, en el paraje Ciénega de Caballos. Han dado a conocer las razones del rechazo sin ser escuchados.
Añade el organismo: “la campaña de mentiras, confusión y amenazas orilló a que algunas autoridades comunales firmaran documentos de aceptación, en una asamblea minoritaria que no cumplió con las formalidades de la ley”, desconociendo anteriores acuerdos.
“La confusión creada por el gobierno contrasta con la claridad de la comunidad para defender su territorio, mas allá del enredo legal y administrativo, los ‘estudios de impacto ambiental’ en contra de ordenamientos ecológicos y la legislación forestal y ambiental.”
La asamblea, que es adherente de la Sexta declaración de la selva Lacandona, sostiene que la carretera no traerá ningún beneficio a la población. No la solicitaron ni soluciona el problema de fondo, que tiene que ver con el mal estado de brechas y caminos existentes.
“Las facilidades las van a tener los comerciantes, los programas de gobierno y los proyectos de empresas nacionales y extranjeras dedicadas a saquear los recursos naturales y explotar a la gente”. Propiciará el saqueo de flora y fauna, afectará los mantos acuíferos, traerá contaminación y “atentará contra la autosuficiencia y la autonomía de nuestro pueblo, además de dividir el territorio comunal”.
La voracidad del gobierno jalisciense de Emilio González Márquez es tal, que aún no avanza la construcción y ya anuncia proyectos (junto con la CDI) de ranchos cinegéticos y eculturismo, señala.
Según COA, “la afectación a la propiedad comunal viola leyes nacionales e internacionales que señalan que ningún particular podrá ser molestado en sus bienes y propiedades, además de la protección especial a tierras indígenas”.
Un comunero, Lauro Carrillo Carrillo, afirma que “la traición” a los acuerdos de San Andrés, y la ley indígena de Jalisco, justifican el proyecto carretero. “Ésta es la prueba de cómo procede el gobierno.”
La situación es tensa; la comunidad ha decidido que no dialogará hasta que se presenten los titulares de las principales dependencias, y mientras no permitirá que las máquinas avancen sobre su territorio. El gobierno ha respondido enviando más policía y colocando retenes que violan la propiedad de la comunidad.

18 febrero 2008

La tortura no funciona, como demuestra la historia

Robert Fisk

“La tortura funciona”, alardeó un miembro de las fuerzas especiales estadunidenses, coronel obviamente, a un colega mío hace un par de años. Parece que la CIA y sus matones a sueldo en Afganistán e Irak todavía están convencidos de esto. No existe evidencia de que se haya dejado de entregar a prisioneros a quienes los golpean, los someten a ahogamientos simulados y les insertan tubos de metal, o que el caso de que un prisionero muera a consecuencia de la tortura haya terminado. ¿Por qué otra razón habría de admitir la CIA, en enero, que había destruido videos de prisioneros a los que casi habían ahogado con la técnica de waterboarding, antes de que éstas pudieran ser vistas por investigadores estadunidenses?

Con todo, hace unos días, me encontré un grabado medieval en que un prisionero está atado a una silla de madera, con una manguera de cuero metida hasta la garganta cuyo otro extremo salía de una primitiva máquina de bombeo, que es operada por un torturador de horrenda y escasa vestimenta. Los ojos del prisionero están desorbitados por el terror mientras siente que se ahoga ante la vista de los inquisidores españoles que no muestran la más mínima compasión por él. ¿Quién dijo que el waterboarding es nuevo? Los estadunidenses sólo imitan a sus predecesores de la Inquisición.

Encontré otra imagen medieval en un periódico canadiense que muestra a un prisionero bajo interrogatorio, en lo que sospecho era la Alemania medieval. Estaba amarrado de espaldas al borde externo de una rueda. Dos encapuchados le administraban el tormento. Uno utiliza un fuelle para avivar el fuego que está bajo la rueda mientras el otro le da vueltas. La rueda gira de manera que los pies del prisionero pasan por entre las llamas regularmente.

Los ojos del pobre hombre, desnudo salvo por una tela que cubre la parte inferior de su cuerpo, tiene los ojos transidos de dolor. Dos curas están junto a él, uno de ellos cubierto con la capucha de su hábito, en tanto que el otro utiliza una túnica sobre su suplicio y usa papel y pluma para escribir las palabras del prisionero.

Anthony Grafton, que trabaja en un libro sobre la magia durante el Renacimiento en Europa, dice que durante los siglos XVI y XVII se usaba sistemáticamente la tortura con todo sospechoso de brujería y que sus palabras eran anotadas por notarios calificados, el equivalente, supongo, de funcionarios y testigos de la CIA, que en esa época no se engañaban diciendo que no era tortura y hablaban abiertamente del “aliciente” que provenía de los muchachos encargados de darle vuelta a la rueda sobre el fuego.

Como recuerda Grafton, “el pionero en estudio de las usanzas medievales, Henry Charles Lea, escribió largamente sobre las formas en que los inquisidores usaron la tortura para conseguir que los prisioneros confesaran que practicaban la herejía , tanto en opinión como en acción. Él, que era un hombre iluminado que escribía sobre lo que veía en una época iluminada, veía con horror estas prácticas bárbaras con una claridad que le envidiaría cualquiera que hoy lee comunicados públicos”.

En la Edad Media había personas entrenadas para usar el dolor como método de interrogatorio, así como último castigo antes de la muerte. A los hombres que iban a ser “colgados, desangrados y descuartizados” en la Londres medieval, por ejemplo, primero se les mostraba los “instrumentos” antes de que su sufrimiento comenzara, normalmente cuando eran eviscerados delante de una multitud de mirones.

La mayoría de los torturados por información en el medioevo, de todos modos eran ejecutados una vez que se obtenía de ellos la información que exigían sus interrogadores. Estas inquisiciones, con detalles sobre la tortura que las acompañó, eran hechas públicas y ampliamente diseminadas para que el público entendiera la amenaza que los prisioneros representaron y el poder que detentaban quienes los sometieron al tormento. No había destrucción de videos. Según Grafton, los hechos se promocionaban mediante panfletos ilustrados y canciones, entre otras cosas.

Ronnie Po-chia Hsia y los académicos italianos Diego Quaglioni y Anna Esposito han estudiado la Inquisición de Trento, Italia, en el siglo XV, cuyas víctimas fueron sobre todo judíos. En 1475, tres hogares judíos fueron acusados de asesinar a un niño cristiano (de dos años, N. De la T) llamado Simón con el supuesto fin de llevar a cabo un “ritual” en que se utilizaba sangre para hacer “matzo”, o pan. Esta “calumnia de sangre” era, desde luego, una total falsedad, pero en partes de Medio Oriente se cree aún que este ritual existe, lo cual es aterrador si se piensa que era una creencia arraigada en la Europa del siglo XV.

Como era usual, el podestá, alto funcionario de la ciudad, era el interrogador que aceptaba evidencia externa como pruebas de culpabilidad. Aún así, la ley de Roma exigía confesiones para dictar condena.

Grafton narra que cuando las respuestas de un prisionero no satisfacían al podestá, el torturador ataba sus manos detrás de la espalda y de ahí lo levantaba hacia el techo con una polea. “Luego, según las órdenes del podestá, el verdugo lo hacía “saltar” o “bailar” soltándolo y volviéndolo a jalar repetidamente, dislocándole los hombros y provocándole un dolor inimaginable”.

Cuando uno de los miembros de las familias judías de Trento, Samuel, preguntó al podestá dónde había escuchado que los judíos usaban sangre de cristianos, el funcionario respondió, mientras Samuel colgaba de la cuerda, que lo escuchó de otros judíos. Samuel dijo que estaba siendo torturado injustamente. “La verdad, la verdad” gritó el podestá, y Samuel fue hecho “saltar” unos dos metros y medio y dijo a su interrogador: “Dios me socorra y la verdad me ayude”. Después de 40 minutos, el prisionero fue devuelto a prisión.

Una vez destrozados, por supuesto, los prisioneros judíos confesaron. Después de otra sesión de tortura, Samuel denunció a otro judío. Subsecuentes tormentos finalmente lo quebrantaron al grado de que describió el ritual asesino y la forma en que supuestamente lo llevaron a cabo, y culpó a otros dos de este crimen inexistente.

Dos mujeres torturadas lograron exonerar a los niños, pero de todas formas, según Grafton, “acusaron a sus seres queridos, amigos y miembros de otras comunidades judías”. Así, la tortura obligó a civiles inocentes a confesar crímenes fantásticos.

El historiador de Oxford, Lyndal Roper, encontró que los torturados llegaron a reconocer su culpabilidad.

La conclusión de Grafton no tiene respuesta. La tortura no sirve para obtener la verdad. Consigue que la gente más ordinaria diga lo que sea que el torturador le ordena. Los hombres que padecieron el waterboarding de la CIA bien pudieron haber confesado que podían volar y que eran cómplices del diablo. Y quién sabe si la CIA no acabaría creyéndoles.

© The Independent


14 febrero 2008

Académicos de AL piden parar ofensiva contra zapatistas


L@s académicos, científicos sociales e investigadores de Puerto Rico, Costa Rica, Nicaragua, Uruguay, Nicaragua, Argentina, México, Brasil, Chile, Ecuador, España y Portugal que abajo firmamos, deseamos expresar lo siguiente:

Durante los recientes meses, las comunidades indígenas zapatistas han sido objeto de un intenso hostigamiento y múltiples agresiones, entre las que se cuentan desalojos violentos, quema de casas, disparos, amenazas de muerte y despojo de pertenencias.

Los distintos hechos de violencia en Chiapas no son la expresión de “conflictos intercomunitarios”, como pretende la estrategia mediática gubernamental, sino que constituyen tan sólo las señales más visibles de una estrategia político-militar que muestra ya una clara tendencia: atacar la base social de EZLN y el corazón de los pueblos indígenas: la tierra y el territorio.

Esta ofensiva “silenciosa” protagonizada por la organización paramilitar OPDDIC y que cuenta con la anuencia, complicidad y aliento del gobierno del estado de Chiapas, autoridades, gobierno y Ejército federales, es una nueva afrenta contra los pueblos indios del EZLN, las juntas de buen gobierno (JBG) y los municipios autónomos donde se construye la digna autonomía rebelde y la posibilidad de un futuro para la humanidad.

Enviamos un saludo de solidaridad y hermandad a los pueblos y comunidades que continúan resistiendo y a la vez construyendo, junto con la otra campaña, un movimiento civil y pacífico de resistencia. Exigimos al gobierno federal y del estado de Chiapas que detengan de inmediato esta ofensiva contra el proyecto pacífico del zapatismo que significa una alternativa mundial para los pueblos.

Llamamos a otr@s académic@s, investigador@s, científic@s y artistas, así como a la sociedad civil nacional e internacional a mantenerse alerta, a pronunciarse y movilizarse en contra de estas acciones y en defensa de la resistencia indígena zapatista.

Pablo González Casanova, Maristella Svampa, Boaventura de Sousa Santos, Ana Esther Ceceña, Marcos Roitman Rosenman, Paulina Fernández Christlieb, Raúl Zibechi, Raquel Gutiérrez Aguilar, John Holloway, Claudia Korol, Carlos Aguirre Rojas, Carmen Inés Rivera Lugo, Gilberto López y Rivas, Dolores Miranda Gierbolini, Luis Hernández Navarro, Gabriela Murillo, Ezequiel Adamovsky, Graciela Mota, Horacio Tarcus, Raquel Taks, Octavio Caldera Azmitia, Óscar Llanque, Ignacio Dobles Oropeza, Maricarmen Aguilar Fonseca, Isabel Marazina, Juan Carlos Gómez Leyton, Roxana Longo, Roberto Gargarella, Franklin Ramírez Gallegos, Pablo Alabarces y Julián Rebón


11 febrero 2008

Buscaron asilo en Canadá más de 5 mil mexicanos en 2007; rechazan a la mayoría

La cerrazón del gobierno de Harper preocupa a activistas que trabajan con los solicitantes

Blanche Petriche / I

Toronto. La cifra de mexicanos que solicitan asilo en Canadá –cerca de 5 mil 500 en 2007– supera hoy en día a los fugitivos de Colombia y Afganistán, que son países en guerra, y China. “¿Por qué?”, se pregunta el abogado Donald Summers, especializado en casos de inmigración y refugio. “¿Qué realidad están evidenciando estos números? ¿Qué está pasando en México?”

Reflejo de un país donde las instituciones son incapaces de garantizar la seguridad de ciudadanos en riesgo, las historias individuales de estos solicitantes de asilo responden a la pregunta de Summers con más fidelidad y detalle que los informes oficiales sobre México que utilizan las autoridades migratorias canadienses como contexto para juzgar y rechazar la mayor parte de sus solicitudes.

El asilo provocado por persecución política hace tiempo que dejó de estar entre las primeras causas de quienes llegan a territorio canadiense en busca de un lugar seguro. Hoy son otros los motivos que empujan esta migración forzada.

Hay, por ejemplo, un arquitecto que alguna vez recibió un inusual encargo: construir una casa sin ventanas. El cliente resultó ser un narcotraficante. Concluida la obra, el profesionista se convirtió en testigo involuntario de una organización criminal que había que eliminar.

También está el caso de un policía que recibió una jugosa oferta de un cártel del narcotráfico. O la aceptaba o sería ejecutado. No había opción. O el de un trabajador gay despedido de su empleo por discriminación sexual.

Está la historia de una familia –él, abogado; ella, empleada de una delegación estatal de la Secretaría de la Función Pública– que descubrió la desviación de fondos de un alto funcionario del gobierno de Arturo Montiel, en el estado de México. Lo que siguió fueron presiones laborales y después amenazas de muerte.

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05 febrero 2008

video blog las mujeres zapatistas



Video blog 'las mujeres zapatistas'

9'11 min. Español. Mexico 2008.

http://notilibertas.blogspot.com/

Las Noticias Abajo y a la izquierda.


Mujeres zapatistas

'Los que amamos la belleza queremos: libertad o muerte' R. Flores Magón.


La Garrucha, Chiapas; Los últimos días del año 2007 en el Caracol 'Resistencia hacia un Nuevo Amanecer', se llevo a cabo el Primer Encuentro de Mujeres Zapatistas con los Pueblos del Mundo. En territorios ocupados y gobernados por indígenas rebeldes se realizo la exposición del trabajo y organización de 14 años de levantamiento armado y sus años de clandestinaje.


La mujer zapatista dibujo su historia de abuelas que organizaban la insurrección en las montañas selváticas, escondidas, preparándose para lo que seria el dia de su levantamiento y al cual el mundo giro los ojos para ver a los indígenas que le declararon la guerra al gobierno y al sistema que los había encarcelado en el olvido; de mujeres y niñas que han sembrado de esperanzas sus tierras con proyectos que asombran al mundo por su honestidad y valentía; impulsando trabajos de educación, salud, alimentación, trabajo colectivo, y mucho mas.


Así las zapatistas se han ganado un lugar en la Otra historia de las mujeres dignas y rebeldes de los pueblos que abajo y a la izquierda escriben con la lucha su andar, junto a muchas otras que han hecho de su vida un ejemplo.


No odies los medios, crealos libres.

Notilibertas. Noticias abajo y a la izquierda


Conoce mas de este encuentro con los medios libres.

http://enlacezapatista.ezln.org.mx/

http://www.regeneracionradio.org


Plantones en Guerrero en memoria de Genaro Vázquez

Misael Habana de los Santos, corresponsal La Jornada

Acapulco, Gro., 3 de febrero. Decenas de miembros de las policías comunitarias –vestidos de color verde y armados con escopetas– realizaron plantones simultáneos en tres puntos de la carretera Marquelia-Tlapa con el fin de recordar el asesinato del guerrillero Genaro Vázquez Rojas, originario de San Luis Acatlán, municipio de la Costa Chica, quien murió el 2 de febrero de hace 36 años. Exigieron respeto de los gobiernos federal y estatal “para nuestra institución comunitaria” y la cancelación de las órdenes de aprehensión contra varios de sus compañeros. Se pronunciaron contra el Tratado de Libre Comercio y el Plan Mérida y demndaron el cese de la criminalización de las luchas sociales. En uno de los bloqueos distribuyeron dos volantes, uno para recordar el aniversario de la muerte de Genaro Vázquez –cuya lucha para lograr una patria nueva “hoy continúa en manos de las organizaciones sociales y políticas, porque las condiciones de vida del pueblo siguen siendo las mismas de ese tiempo”– y otro para deslindarse del proceso electoral interno perredista.


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