12 agosto 2008

Con la bendición de EE.UU.

El masivo ataque georgiano sobre Osetia del Sur estaba acordado con Washington


Junge Welt

Traducción Luis Montilla


¿Tenía el presidente georgiano Michail Saakasjwili, "luz verde" de Washington, cuando en la noche del viernes dio la orden a sus fuerzas armadas de atacar Osetia del Sur? La respuesta es un rotundo sí, y sólo puede discutirse el porqué el Gobierno estadounidense decidió esta vez soltarle la correa al perro, cuando en el pasado siempre le había tenido retenido.

La reconquista de Osetia del Sur y de Abjasia es "el objetivo de mi vida", había comunicado Saakasjwili en noviembre de 2003, antes de su imposición como presidente a finales de enero del 2004 gracias a una subversión apoyada por EE.UU. "Haremos lo máximo posible para que la próxima fiesta nacional también se pueda celebrar en Sujumi, la capital de Absajia." Esto hubiera sido normalmente en enero de 2009; sin embargo, había entre medias unas nuevas elecciones. En su discurso de toma de posesión Saakasjwili habló de la necesidad de construir un ejército poderoso, "para volver a rehacer la unidad de Georgia". El 25 de mayo de 2004 se celebró en Georgia el mayor desfile militar de la historia del país y Saakasjwili dijo: "Si se pregunta a cualquier soldado georgiano porqué sirve en el ejército, todos te contestarán: para reconstruir la integridad territorial de Georgia".

¿Podía ser esto un malentendido? La cúpula georgiana pasó pronto a los hechos: tras enfrentamientos militares de varios días en Osetia del Sur, en la madrugada del 19 de agosto de 2004, tropas de elite georgianas asaltaron varias colinas estratégicamente importantes en las inmediaciones de la capital Tsjinwali. Todos los observadores competentes estuvieron de acuerdo en que era el preludio de un ataque mayor. Sin embargo, en un giro de los acontecimientos sorprendente y sin declaración oficial, los soldados georgianos desocuparon pocas horas después las posiciones conquistadas. Las suposiciones que se barajaron entonces, eran que el gobierno estadounidense había intervenido a través de su poderoso embajador en Tbilisi.

continuar leyendo en Rebelión

05 agosto 2008

“Si existiera un gobierno que obedece, en México todo sería diferente”: Moisés

■ Los legisladores no representan al pueblo, porque nunca nos consultan, dice el líder insurgente

■ Impresiona a observadores internacionales el ejercicio de la autonomía en territorios zapatistas

Hermann Bellinghausen (Enviado de La Jornada)

San Cristóbal de las Casas, Chis., 4 de agosto. “¿Qué pasaría si en México se le preguntara a todos los millones de indígenas, a todos los millones de obreros, de estudiantes, estudiantas, que ellos digan la ley que quieren?”, se preguntaba el teniente coronel insurgente Moisés en el caracol de La Garrucha al recibir a uno de los grupos que conforman la Caravana nacional e internacional de observación y solidaridad con las comunidades zapatistas.

En la construcción de la autonomía, dijo, “nuestros pueblos son los exigentes y exigentas de que se debe cumplir los principios del mandar obedeciendo. Donde dicen: si existiera un gobierno que obedece, México sería diferente”, ya que “cuando el pueblo manda, nadie lo puede destruir”.

Ahora, en distintos contingentes, los cientos de caravaneros recorren los municipios autónomos y han sostenido extensas entrevistas con las cinco juntas de buen gobierno (JBG), así como con las comisiones de salud, educación y producción de las regiones en rebeldía.

Pero más importante ha sido la visita escalonada a decenas de comunidades, unas fundadas en tierras recuperadas a los latifundistas, y otras que, siendo anteriores, sirvieron de cuna al movimiento rebelde del EZLN en las montañas de Chiapas.

Lo mismo han visitado Hermenegildo Galeana en el municipio autónomo Francisco Gómez, que Santa Rosa Copán en San Pedro de Michoacán, o las fincas recuperadas en los municipios 17 de Noviembre, Francisco Gómez o San Manuel, en un encuentro inusualmente directo con las comunidades mismas, y no sólo en centros públicos como los caracoles o las cabeceras municipales rebeldes.

De ese modo, la organización de Santa Rosa de Copán para el ejercicio de su autonomía, en la selva tojolabal, “dejó una honda impresión entre los miembros de la caravana”, señalan éstos en un testimonio.

La caravana no sólo analiza la militarización y sus efectos, los hostigamientos policiacos y paramilitares en la zona Norte y la selva Lacandona. También está conociendo cómo se vive el gobierno de los pueblos por ellos mismos. Según exponía el teniente coronel Moisés al explicar el proceso, ante el hartazgo por el incumplimento y la represión de los “malos gobiernos”, las comunidades decidieron, en 1994, “que tenemos que gobernarnos nosotros”.

Agregó: “nos organizamos en los municipios autónomos”. Ahora, dijo, “sentimos como indígenas que nuestros hermanos en otros estados de la República” viven condiciones de despojo y violencia similares a las que originaron el zapatismo. La gira de la otra campaña “nos confirmó lo que pensábamos, lo que imaginábamos antes. Que nosotros los indígenas somos los más olvidados. Pero sabemos que la libertad, la justicia y la democracia también las necesitan los que no son indígenas.

“El trabajo de los municipios autónomos se ha consolidado. Nuestros compañeros se dan cuenta que así debería ser en todo México. Donde el pueblo manda y el que está gobernando debe obedecer. Es así como trabajan nuestras compañeras y compañeros. Se han dado cuenta que sí se puede hacerlo”. Además, resaltó, “los compañeros están descubriendo cada vez más la participación de las compañeras en los distintos cargos”.

Refirió que las comunidades se preguntan: “¿Cuándo nos han consultado de las leyes que hacen? Por ejemplo, cuando Carlos Salinas de Gortari cambió del artículo 27 lo que nuestro general Emiliano Zapata logró meter en la ley constitucional, que la tierra no se vende ni se renta”, y ahora “ya se puede vender y rentar”. “¿Cuándo nos preguntaron eso? No sirven para nada esos diputados y senadores que están ahí. No representan al pueblo de México, porque nunca nos consultan”. Explicó cómo las decisiones comunitarias acá “se discuten y deciden en asambleas, y se pregunta a los pueblos”.

Para poder hablar de autonomía “hay que vivir en donde se está haciendo”. Su construcción “no ha sido fácil”, y “es variada” por las “diferentes formas de cómo trabajan” y “la situación en cada zona”. Destacó la importancia de “cuando quitamos las tierras a los terratenientes, o los latifundios”, pues “se toman así los medios de producción”. De otro modo “nada se logra; se necesita organización”, concluyó.


03 agosto 2008

Plática del SCI Marcos y el Tte. Coronel I. Moisés con los miembros de la Caravana que llegaron al Caracol de La Garrucha.

Palabras del Subcomandante Insurgente Marcos.



Palabras del Teniente Coronel Insurgente Moisés.



02 agosto 2008

Maíz transgénico termina con el maíz orgánico

Silvia Ribeiro*

Las trasnacionales de los transgénicos pretenden hacernos creer que los transgénicos son solamente una opción de quien los elige. Debido a la inevitable contaminación –sea por polen en los campos, por mezcla en el almacenado, distribución o venta y hasta por granos que caen durante el transporte– los transgénicos son los cultivos más imperialistas de la historia. A la contaminación biológica, se suman los juicios por patentes que sufren los agricultores contaminados y la indefensión legal de los contaminados. Al contrario de lo que dicen las empresas, si hay transgénicos, todo el resto sufrirá.

Un reciente estudio científico conducido por Rosa Binimelis, de la Universidad Autónoma de Barcelona (publicado en 2008 en el Journal of Agricultural and Environmental Ethics), concluye, luego de analizar la situación del maíz en Cataluña y Aragón, que la siembra de maíz transgénico llevará al fin de la producción de maíz orgánico. Desde 1998, cuando comenzó la siembra de maíz transgénico en la región, hasta ahora, hay una reducción drástica de la producción de maíz orgánico. Esto se debe tanto a la contaminación transgénica, que inhabilita la venta del producto como orgánico, como a las múltiples dificultades técnicas y burocráticas que deben enfrentar quienes pretenden defender sus cultivos de la contaminación, lo que finalmente los hace abandonar la producción.

La contaminación ya es una violencia para quien siembra orgánicos y semillas tradicionales. Además, debido a la pesada influencia y corrupción que ejercen las transnacionales, las leyes que acompañan los transgénicos, colocan la carga de la prueba en la víctima, que debe lidiar primero con los aspectos técnicos de las pruebas de contaminación, cargar con el costo que significan y con la incertidumbre de este tipo de pruebas, que se basan en información de las propias empresas. A esto sigue el proceso legal, que es complicado y costoso.

En México todo esto sería aún peor, porque la Ley Monsanto (mal llamada de bioseguridad), no prevé ninguna protección a las víctimas ni permite responsabilizar a los contaminadores.

Agrobio México (organización de fachada de las transnacionales de transgénicos) esgrime un estudio de la biotecnóloga Joaquima Messeguer, del Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA), España, que sostiene que la contaminación transgénica del maíz se puede evitar con 20 metros de separación entre campos y una diferencia de siembra de 12 días en la siembra entre los transgénicos y otros tipos de maíz. Messeguer declaró a la prensa mexicana, que “los temores de que el cultivo mexicano “se contamine” de los transgénicos es una falacia (sic)” (Notimex, 26/7/2008). Al parecer, Messeguer aún no se entera que la contaminación transgénica del maíz mexicano no es un “temor”, sino una triste realidad comprobada por instituciones del propio gobierno mexicano hasta por pruebas que han realizado cientos de campesinos e indígenas de todo el país. Como el cultivo de maíz transgénico hasta ahora es ilegal en México, seguramente hubieron no 20 metros, sino miles de kilómetros del campo de transgénicos en Estados Unidos a los campesinos mexicanos, y aún así se contaminaron.

Ya en el 2007, investigadores independientes de la Universidad de Exeter, Reino Unido, mostraron que la contaminación del polen de maíz transgénico puede alcanzar cientos de kilómetros, dependiendo del viento, la ubicación y altitud de los campos entre sí, la temperatura, etcétera. Existen muchos otros estudios que llegan a conclusiones parecidas, además de que la contaminación por polen es apenas uno de los muchos factores de contaminación.

Pero a los tecnócratas del IRTA, institución que cuenta entre sus “clientes y colaboradores” a Monsanto, Syngenta, Novartis, Pioneer, Basf y Dow, dueños de la producción de agrotransgénicos en el mundo, este tipo de pensamiento complejo y análisis de la realidad fuera del computador, no les interesa. ¿Para qué ser objetivos, si nadie les paga por ello?

Ante esta realidad de contaminación inevitable, la reciente declaración de Felipe Calderón sobre “proteger el maíz criollo” es demagogia perversa e ignorante (para empezar, el maíz en México es nativo, no criollo), dictada probablemente por algún “asesor” transnacional.

Es criminal que el gobierno mexicano insista en abrir la experimentación con maíz transgénico, y que invente “polígonos” que serían los únicos centros de origen del maíz –que de todas maneras se contaminarán tarde o temprano si se planta maíz transgénico. Como afirma la Red en Defensa del Maíz Nativo, todo México es centro de origen y diversidad del maíz, porque en todo México hay pueblos del maíz. Pueblos que saben que más allá de lo que digan políticos, científicos y agricultores comprados, la contaminación del maíz no será impune.

*Investigadora del Grupo ETC


This page is powered by Blogger. Isn't yours?