16 enero 2009

La rebelión en Grecia y los migrantes



Entre tanta rabia desahogada en las ciudades griegas en las últimas semanas, todos nos hemos concentrado en mirar –y en ocasiones, admirar– a estos jóvenes que no se rinden y no aceptan la negación del futuro que el moribundo sistema neoliberal en Grecia y en otros lugares de este mundo trata de imponerles. Jóvenes estudiantes, pero también jóvenes precarios, trabajadores atípicos, subcontratados y muchas más definiciones para tratar de ubicar a estas rebeliones que pusieron en jaque mate al gobierno de Atenas y quitaron el sueño a los gobiernos italiano y francés –por no mencionar a los demás–, que tuvieron el miedo de un contagio continental.

Y sin embargo pocos observamos la presencia de una componente migrante en el interior de la protesta helénica. El Foro griego de las Migraciones, en un comunicado de prensa que emitió hace algunas semanas, trató de poner énfasis en la conexión entre la brutalidad policiaca y la migración. En efecto, si la revuelta griega se desata por el homicidio de un joven estudiante –afirma la organización helénica–, hay que recordar que los migrantes esa misma violencia la sufren a diario: sólo dos semanas antes del estallido griego, un ciudadano paquistaní que estaba esperando respuesta a su petición de refugio –obviamente efectuaba la espera como "huésped" de un centro de identificación y expulsión– fue asesinado por un policía a golpes. Es por eso que la red migrante que se encuentra reunida en el mencionado foro se ha dedicado a llevar a cabo manifestaciones antirracistas de manera coordinada con la protesta juvenil. Y poco importa si los medios de comunicación oficialistas hicieron de toda demostración la misma sopa: en las calles de Atenas, las demostraciones eran en contra de la brutalidad de la policía, mas también en contra de su naturaleza racista y discriminante.

Por el otro lado, sería una limitación pensar la participación migrante solamente a través de la vía institucionalizada del foro migrante griego, pues en las calles de Atenas numerosos colectivos atestiguan la presencia espontánea de grupos migrantes que de forma natural se juntaron a los jóvenes helénicos: son los hijos de migrantes, los llamados "migrantes de segunda generación", que antes que muchos otros ciudadanos griegos sufren las razones de la protesta: precariedad laboral, cerrazón frente al sistema educativo nacional, represión y discriminación, ausencia de perspectivas futuras, "boletinaje" social. De tal manera que las rebeliones en Grecia están hoy representando la complejidad de las relaciones del nuevo y hasta hace poco invisible mestizaje social. A través de la mezcla espontánea de estos dos –y muchos más en realidad– rastros de la protesta, el juvenil y el migrante, los migrantes bajan a la calle en ocasiones compactos, mas en muchos más casos mezclados y dispersos en el interior de la revuelta generalizada. Una muestra más de que las diferencias puede que residan en los orígenes individuales, y quizás de grupo de pertenencia, pero desaparecen inmediatamente frente al común destino pensado por los de arriba: el racismo es parte integrante del contexto de disciplina de la educación y de la precariedad laboral, borrando cualquier distinción entre ciudadanos y extranjeros.
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